La bitácora del PCC de pasteurización registra a las 14:20 una lectura de 68 °C contra un límite crítico de 72 °C. En la columna de acción correctiva dice "se ajustó el equipo". El auditor hace la única pregunta que importa: qué pasó con el producto que salió mientras la temperatura estuvo baja. Nadie lo sabe, porque el registro documentó la corrección del equipo y no el destino del producto afectado.
El quinto principio pide establecer las acciones correctivas a aplicar cuando el monitoreo indique que un PCC no está bajo control. Y el alcance tiene dos partes que deben quedar registradas por separado: qué se hace con el producto afectado por la desviación, incluida la definición de su destino, y qué se hace para corregir la causa y devolver el PCC a control. Resolver solo la segunda deja producto potencialmente inseguro sin decisión documentada; resolver solo la primera garantiza que la desviación vuelva a ocurrir.
La acción correctiva de cada PCC se documenta en el plan cuando se diseña, no se improvisa en el momento. Eso incluye designar quién tiene la autoridad para declarar la desviación, retener el producto y decidir su destino, con nombre y suplente para los turnos donde esa persona no está. La razón es práctica: la desviación ocurre a las tres de la mañana de un domingo, y si en ese momento hay que consultar quién decide, se decide mal o no se decide.
Ajustar la válvula y retener el lote son correcciones: atienden el efecto inmediato. La acción correctiva actúa sobre la causa para que no vuelva a pasar, y exige haberla investigado. Si la sonda estaba descalibrada, la corrección es calibrarla y la acción correctiva es revisar la frecuencia de calibración y el resto de las sondas del mismo modelo. Un sistema donde todas las desviaciones cierran con correcciones es un sistema que va a repetirlas, y la tendencia de desviaciones por PCC lo delata en tres meses.
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Definir el alcance del producto afectado es donde la frecuencia de monitoreo cobra su precio real. Si el PCC se registra cada dos horas y la desviación se detecta a las 14:20, todo lo producido desde las 12:20 entra en el alcance, porque no hay evidencia de que estuviera bajo control. Con registro continuo el alcance se acota al minuto. Esa diferencia entre retener dos horas de producción o unos cuantos minutos es el argumento más concreto para justificar un monitoreo más frecuente o automatizado.
Un PCC con desviaciones recurrentes es una señal de que el proceso no es capaz de mantener el límite de forma estable, y ahí la respuesta no es más acciones correctivas sino revisar el diseño del control: el equipo, el límite operativo, el mantenimiento o el propio plan. Los esquemas de certificación miran esa tendencia, no el evento aislado. Un plan sin ninguna desviación registrada en un año tampoco tranquiliza a nadie: normalmente significa que no se están registrando.
En proveedores de cadenas grandes, porque el cliente institucional revisa los registros de desviación antes que cualquier otra cosa. En Nuevo León, donde los proveedores de alimentos del corporativo FEMSA-OXXO y de la industria de bebidas atienden auditorías de segunda parte con criterios propios, el registro de desviación tiene que sostener por sí solo el destino que se le dio al producto. En la Consultoría HACCP en Monterrey se define ese formato desde el arranque, porque una acción correctiva sin destino de producto documentado es un hallazgo casi seguro.
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