La BRC no reporta los hallazgos como una lista plana. Los clasifica en críticos, mayores y menores, y de esa clasificación sale la calificación que se imprime en el certificado. Entender la diferencia importa porque no es una gradación de severidad para uso interno: determina si la planta sale certificada, con qué grado y en cuánto tiempo vuelve el auditor.
Una no conformidad crítica no es una mayor más grave. Se levanta cuando hay evidencia de que el producto que salió de la planta puede no ser seguro o no ser legal —contaminación no controlada, un alérgeno no declarado, un dato de etiquetado que induce a error, un registro alterado. La consecuencia es de otro orden: el certificado no se emite, o se retira si ya existía, y la planta no puede recuperarlo con un plan de acción documental. Requiere una nueva auditoría completa, no una verificación del cierre.
La norma marca un subconjunto de cláusulas como fundamentales: aquellas cuyo incumplimiento sistemático compromete todo el sistema. Suelen incluir el compromiso de la alta dirección, el plan de seguridad alimentaria basado en HACCP, la gestión de proveedores de materias primas, las acciones correctivas, la trazabilidad, el control de las instalaciones, el control de operaciones, y las auditorías internas. Un incumplimiento mayor contra una cláusula fundamental se trata como crítico, y ese es el detalle que más se pasa por alto al preparar la auditoría: no basta con no tener fallas de producto, hay que sostener esas cláusulas de forma demostrable.
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La calificación —el grado que aparece en el certificado— sale del número y tipo de no conformidades. Muchas menores dispersas bajan el grado; las mayores lo bajan mucho más rápido; una crítica, o una combinación que supere el umbral, deja a la planta sin certificado. Para un comprador que exige un grado mínimo, la diferencia entre un grado alto y uno bajo puede ser la diferencia entre seguir siendo proveedor o entrar en revisión, aunque en ambos casos exista certificado.
Las menores y mayores se cierran con evidencia objetiva dentro del plazo que fija el esquema, y ahí es donde se pierde tiempo: no se pide la promesa de corregir, se pide la prueba de que se corrigió, con análisis de causa raíz y verificación de eficacia. Una acción correctiva que solo describe lo que se piensa hacer no cierra nada. Ese hábito —causa raíz, acción, evidencia, verificación— es el mismo que evita que un hallazgo menor reincidente escale a mayor en la siguiente auditoría.
La preparación útil consiste en auditar internamente contra las cláusulas fundamentales con el mismo rigor con que lo hará el organismo, y resolver la trazabilidad y el etiquetado antes de que sean un hallazgo. En el Bajío, con su concentración de procesadoras de alimentos y proveedores de marcas que exportan, la BRC suele llegar como requisito de un comprador que ya fijó fecha. En la Consultoría BRC Food en León el enfoque es levantar la brecha contra las cláusulas fundamentales primero, porque son las que deciden si el resultado será un grado alto o una auditoría repetida.
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