El lote estaba detenido en el andén con el transporte esperando. El inspector había encontrado una desviación y el procedimiento decía que no se libera. El gerente comercial dijo que ese cliente no aceptaba retrasos y que se embarcara. El inspector cedió, el lote salió y regresó dos semanas después con una reclamación. En la investigación quedó claro que el procedimiento estaba bien escrito y que la responsabilidad estaba asignada: lo que no estaba asignado era la autoridad para sostener la decisión.
La responsabilidad es la obligación de ejecutar algo y responder por su resultado. La autoridad es el poder de decidir, y en particular el poder de decir que no. La norma las nombra juntas y por separado en el mismo requisito precisamente porque asignar una sin la otra produce el caso del andén: alguien responsable de verificar, sin autoridad para detener. Cuando eso ocurre, el sistema tiene un control documentado que no controla nada, y el hallazgo aparece tarde, en forma de reclamación.
El requisito pide tres verbos, no uno. La alta dirección debe asignar las responsabilidades y autoridades de los roles pertinentes, comunicarlas, y asegurarse de que se entiendan dentro de la organización. Ese último verbo es el que se audita en piso: no basta con que estén escritas en una descripción de puesto que nadie leyó.
La versión 2015 eliminó la figura del representante de la dirección, pero no eliminó sus funciones: las convirtió en responsabilidades que la alta dirección tiene que asignar a alguien, sin obligar a que sea una sola persona.
Repartir estas funciones entre varias personas es válido y a veces mejor, porque acerca cada una a quien realmente la ejerce. Lo que no es válido es que ninguna quede asignada, o que se asignen todas al coordinador de calidad y la dirección se declare fuera, porque el requisito nace en el capítulo de liderazgo y no en el de recursos.
¿Quieres implementar tu sistema de gestión?
Un organigrama muestra la línea de reporte. No dice quién aprueba una desviación, quién libera un producto, quién autoriza un cambio de proveedor, quién cierra una acción correctiva ni quién puede detener una línea. Esas son las autoridades que un auditor busca, y casi siempre las busca preguntando en el lugar donde se ejercen, no revisando el diagrama. La evidencia útil suele estar en tres lugares: descripciones de puesto que incluyan autoridades explícitas, matrices que crucen actividad contra quién decide, y los propios procedimientos cuando nombran el rol que autoriza cada paso.
El punto crítico es la coherencia entre esos tres lugares. Si el procedimiento dice que libera calidad, la descripción de puesto dice que libera producción y en la práctica libera quien esté disponible, el sistema tiene tres versiones de la misma autoridad y ninguna se sostiene cuando hay presión de embarque.
Se rompe en las organizaciones donde una misma persona acumula funciones y todas las decisiones suben al dueño, un patrón muy frecuente en las empresas de servicios y familiares del sureste, donde el crecimiento fue por confianza más que por estructura. Ahí el sistema se documenta con roles que existen en el papel pero cuya autoridad nunca se soltó, y el efecto se nota en los tiempos: todo espera. Separar qué decisiones tienen que subir y cuáles no es un trabajo de diseño organizacional más que de documentación, y es una de las primeras conversaciones que se abren en un proyecto de Consultoría ISO 9001 en Mérida.
El segundo punto de ruptura son los cambios. Una reestructura, una salida inesperada o una fusión de áreas deja funciones huérfanas que nadie recoge, y el sistema sigue operando con un rol vacante durante meses. Por eso el requisito de mantener la integridad del sistema ante cambios está redactado junto a los demás: revisar quién quedó a cargo de qué es parte de gestionar el cambio, no un trámite posterior.
La ISO 9001 pide que la alta dirección asigne, comunique y verifique que se entienden las responsabilidades y autoridades, y enumera cinco funciones que alguien tiene que ejercer aunque el representante de la dirección ya no exista como figura obligatoria. La prueba no está en el organigrama sino en el piso: preguntar quién puede detener un embarque y ver si la respuesta es la misma que da el procedimiento. Cuando difieren, la autoridad está escrita pero no asignada, y esa es la brecha por donde se sale el producto que después regresa.
Empieza hoy
Sin compromisos. Sin presentaciones genéricas. Te escuchamos, entendemos tu empresa y te decimos honestamente qué necesitas y cómo podemos ayudarte.
Reunión confirmada
Solicitud enviada · Mié 2 Abr, 10:00 AM
Déjanos tus datos y un consultor se pone en contacto contigo en menos de 30 minutos.