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Normas·8 min de lectura

Cómo se valida un método de ensayo

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Equipo Consultto

Especialistas en sistemas de gestión · 11 sep 2026

El laboratorio interno de la planta reportaba humedad, dureza y contenido de finos desde hacía ocho años. El método estaba escrito en una hoja de instrucción con el logotipo de la empresa y una referencia a un manual de un fabricante de equipo. Funcionaba: los resultados salían, se anotaban en la bitácora y con ellos se liberaba el material. Hasta que un cliente envió una muestra partida al mismo lote a un laboratorio externo y los resultados no se parecieron. Nadie en planta pudo demostrar que el método medía lo que decía medir, porque nunca se había validado: se había adoptado.

Qué significa validar un método y en qué se distingue de verificarlo

Validar un método de ensayo es demostrar con evidencia objetiva que es adecuado para el uso previsto, es decir, que produce resultados confiables para la matriz, el rango de concentración y la decisión concreta en la que se van a usar. No es aprobar el procedimiento ni entrenar al analista: es generar datos experimentales que caractericen el desempeño del método y compararlos contra criterios de aceptación definidos antes de empezar.

La distinción práctica más importante es entre validación y verificación. Un método normalizado, publicado por un organismo de normalización o por una asociación reconocida, ya viene validado por quien lo desarrolló; lo que corresponde entonces es verificarlo, o sea, confirmar que el laboratorio puede ejecutarlo con el desempeño declarado, con su personal, su equipo y sus muestras. Un método desarrollado en casa, uno tomado de la literatura, uno normalizado que se modifica o uno aplicado fuera de su alcance original tiene que validarse completo. Esa decisión se toma al principio y se documenta, porque define cuánto trabajo experimental viene detrás.

Antes de tocar un equipo hay que escribir el plan: qué parámetros se van a evaluar, con cuántas réplicas, con qué materiales, en qué días, con cuántos analistas y con qué criterio de aceptación para cada parámetro. Un criterio de aceptación definido después de ver los resultados no es un criterio, es una justificación. Y el plan debe estar aprobado por alguien con autoridad técnica, porque de él depende que el informe final sea una validación y no una colección de corridas.

Qué parámetros se evalúan

La exactitud es la cercanía entre el resultado y el valor verdadero, y se demuestra analizando un material de referencia certificado, comparando contra un método de referencia o haciendo recuperaciones sobre muestras fortificadas con una cantidad conocida. La precisión es la dispersión entre resultados y tiene dos niveles que conviene no mezclar: la repetibilidad, que se obtiene el mismo día con el mismo analista y el mismo equipo, y la precisión intermedia, que se obtiene variando día, analista y, cuando se puede, equipo. La segunda es la que se parece a la realidad operativa y casi siempre es la que se omite.

La selectividad es la capacidad de medir el analito sin que interfieran otros componentes de la matriz, y se prueba con blancos, con matrices sin analito y con muestras donde estén presentes los interferentes esperados. La linealidad y el rango de trabajo describen el intervalo en el que la respuesta es proporcional y el método sigue siendo confiable, lo que se establece con una curva de varios niveles y se evalúa con los residuales, no solo con el coeficiente de determinación, que puede verse excelente y esconder una curvatura sistemática.

El límite de detección y el límite de cuantificación importan cuando la decisión ocurre cerca de cero, que es el caso típico de contaminantes, residuos, alérgenos y microbiología. El primero es la concentración más baja que puede distinguirse del ruido; el segundo, la más baja que puede reportarse con precisión y exactitud aceptables. Informar un resultado por debajo del límite de cuantificación como si fuera un número es uno de los errores más caros, porque se toman decisiones de liberación sobre cifras que el método no sostiene.

La robustez cierra el paquete: qué pasa cuando las condiciones varían dentro de lo que la operación real permite. Se cambia a propósito el tiempo de agitación, la temperatura, el lote de reactivo, la marca del consumible o el tiempo de espera antes de leer, y se observa si el resultado se mueve. Los parámetros que resultan sensibles se convierten en condiciones críticas escritas en el método, y esa es la parte de la validación que evita la mitad de las desviaciones futuras. Todo termina en un informe con los datos crudos, los cálculos, la comparación contra los criterios y una conclusión firmada sobre si el método es apto para el uso previsto.

Qué exige la ISO 9001

La ISO 9001 no habla de validación de métodos con ese nombre, pero la exige por la vía de los recursos de seguimiento y medición. Obliga a determinar y proporcionar los recursos necesarios para asegurar resultados válidos y fiables cuando se usa el seguimiento o la medición para verificar la conformidad, y a asegurarse de que esos recursos sean apropiados para el tipo específico de actividad que se realiza. Un método que nunca se caracterizó no puede declararse apropiado, y sin eso el resultado que libera el producto no es evidencia de conformidad.

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A eso se suma la trazabilidad de la medición, que obliga a calibrar o verificar los equipos contra patrones trazables y a conservar la evidencia; la competencia, que obliga a determinar la del personal que ejecuta el ensayo y a conservar el registro; y la información documentada, que obliga a controlar el método como documento vigente, con su versión y su aprobación. El pensamiento basado en riesgos es lo que ordena el esfuerzo: se valida con más profundidad el ensayo que decide la liberación de un lote que el que sirve para monitorear una tendencia interna.

Qué agregan los sectores

La referencia técnica del tema es la norma de requisitos para la competencia de los laboratorios de ensayo y calibración, que exige explícitamente validar los métodos no normalizados, los desarrollados internamente y los normalizados usados fuera de su alcance, y verificar los normalizados antes de ponerlos en uso. Esa norma también obliga a estimar la incertidumbre de medición y a declararla cuando es relevante para la validez del resultado, algo que el laboratorio interno casi nunca hace y que el cliente empieza a pedir en cuanto hay una disputa por un lote.

En farmacéutica, las buenas prácticas de fabricación exigen validar los métodos analíticos con parámetros específicos según el tipo de ensayo, y distinguen el paquete de un ensayo de contenido del de un ensayo de impurezas. En alimentos, los esquemas de inocuidad piden métodos validados para los análisis que verifican límites críticos y programas prerrequisito, y ponen especial atención en microbiología y alérgenos. En automotriz, la exigencia llega por el análisis de sistemas de medición: cuando el resultado es un dato de laboratorio que alimenta un plan de control, el cliente pide estudios que demuestren que la variación del método no se come la tolerancia.

Errores frecuentes

  • Adoptar un método de un manual de equipo y tratarlo como normalizado sin verificarlo.
  • Definir los criterios de aceptación después de ver los resultados de las corridas.
  • Evaluar solo repetibilidad y saltarse la precisión intermedia con otro analista y otro día.
  • Construir la curva con tres puntos y aceptarla por el coeficiente sin revisar los residuales.
  • Reportar resultados por debajo del límite de cuantificación como cifras válidas.
  • No probar la robustez y descubrir en producción que el resultado depende del lote de reactivo.
  • Cambiar de proveedor de consumible o de columna sin reverificar el desempeño del método.
  • Guardar el informe de validación sin los datos crudos que lo sustentan.

Dónde se rompe en la operación

La validación casi nunca falla en el experimento: falla en el ciclo de vida posterior. Se valida bien al inicio, se firma el informe y después el método se modifica por partes, sin que nadie declare el cambio: se sustituye el reactivo por uno equivalente, se compra un equipo nuevo, se ajusta un tiempo para ganar capacidad y entra personal que aprendió viendo. Dos años después el método en uso no es el método validado, y eso solo se descubre cuando un resultado se disputa. En Hermosillo, donde el resultado de laboratorio decide embarques de agricultura y pesca de exportación, cargas mineras y materiales que entran a la cadena automotriz, esa deriva se paga en lotes detenidos y en reanálisis que nadie presupuestó. Cerrar esa brecha (decidir validación o verificación con criterio, plan con criterios previos, revalidación ante cambios y competencia evaluada del analista) es parte de lo que se ordena en la Consultoría ISO 9001 en Hermosillo, donde el laboratorio interno se trata como un proceso con evidencia y no como un servicio de apoyo que siempre ha funcionado.

En resumen

Validar un método de ensayo es demostrar con datos que sirve para la decisión en la que se va a usar. Se valida completo lo desarrollado en casa, lo tomado de la literatura y lo normalizado que se modifica o se saca de su alcance; lo normalizado tal cual se verifica. El paquete evalúa exactitud, precisión en sus dos niveles, selectividad, linealidad y rango, límites de detección y cuantificación, y robustez, siempre contra criterios definidos de antemano y con un informe que conserve los datos crudos. La ISO 9001 lo exige a través de los recursos de seguimiento y medición, de la trazabilidad y de la competencia, porque un resultado que nadie puede defender no demuestra la conformidad del producto.

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