Equipo Consultto
Especialistas en sistemas de gestión · 13 oct 2026
Una empresa de envases plásticos terminó su matriz de riesgos con cuarenta riesgos identificados, cada uno con su probabilidad, su impacto y un número del uno al veinticinco. En la revisión por la dirección, el gerente general preguntó cuáles de esos riesgos había que atacar este año y cuáles se podían dejar como estaban. Nadie supo responder. La matriz medía, pero no decía a partir de qué número el riesgo dejaba de ser aceptable.
El apetito de riesgo es la cantidad y el tipo de riesgo que una organización está dispuesta a buscar o a retener para lograr sus objetivos. La guía ISO 73, que define el vocabulario de gestión de riesgos, lo distingue de la tolerancia al riesgo, que es la disposición a soportar el riesgo después de tratarlo. Dicho de forma práctica: el apetito marca la línea entre los riesgos que se aceptan y los que obligan a actuar.
La ISO 31000 pide definir criterios de riesgo que reflejen los valores y objetivos de la organización, incluida la cantidad y el tipo de riesgo que puede o no puede tomar. La ISO 27001 en 6.1.2 exige establecer criterios de aceptación del riesgo y en 6.1.3 que los dueños de riesgo aprueben el riesgo residual. La ISO 9001 en 6.1.2 pide que las acciones sean proporcionales al impacto potencial, algo imposible de demostrar si no está definido qué nivel de riesgo es aceptable. La ISO 45001 y la ISO 14001 piden lo mismo con sus criterios de evaluación.
El apetito de riesgo solo sirve si se aplica igual a cada evaluación. Un Software de gestión de riesgos y oportunidades guarda los umbrales aprobados por categoría, marca de forma automática los riesgos que los rebasan, exige un plan de tratamiento para ellos y muestra a la dirección cuántos riesgos siguen por encima del nivel aceptable.
El apetito de riesgo define cuánto y qué tipo de riesgo está dispuesta a asumir una organización. Se fija a partir de los objetivos, se separa por categoría y se traduce en un umbral de la matriz que dice qué riesgos se aceptan y cuáles exigen acción. Las normas no siempre usan ese nombre, pero todas piden criterios de aceptación, y sin ellos una matriz de riesgos no produce decisiones.
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