Equipo Consultto
Especialistas en sistemas de gestión · 8 oct 2026
Una empacadora vendía su producto por kilo a cadenas de autoservicio y a distribuidores. La báscula de embarque tenía su certificado de calibración vigente, emitido por un laboratorio acreditado, con su error y su incertidumbre en cada punto. En una visita de PROFECO, el inspector no pidió el certificado: preguntó por el holograma de verificación del año. No lo tenía, y la báscula quedó inmovilizada hasta regularizarla. Calibración y verificación parecían lo mismo; no lo eran.
La NOM-010-SCFI-1994 establece los requisitos técnicos y metrológicos de los instrumentos para pesar de funcionamiento no automático: básculas de piso, de plataforma, colgantes, de mostrador y balanzas en las que una persona coloca la carga y lee el resultado. Define cómo deben construirse, qué indicaciones deben mostrar, cómo se clasifican por exactitud y cuánto error se les tolera. Es la base técnica con la que se aprueba un modelo y con la que se verifica cada instrumento en uso.
La norma clasifica los instrumentos en cuatro clases de exactitud, en línea con la recomendación internacional OIML R 76:
Cada instrumento tiene una división de verificación, que se identifica con la letra e, y los errores máximos tolerados se expresan en múltiplos de esa división según la carga. Por eso una báscula puede ser perfectamente legal para pesar costales y no servir para dosificar un aditivo: la clase y la división tienen que corresponder al uso.
Una empresa que vende por peso normalmente necesita las dos. La verificación la exige la ley cuando la báscula se usa en transacciones comerciales; la calibración la exige el sistema de gestión cuando la medición asegura la conformidad del producto.
La realiza la PROFECO o una unidad de verificación aprobada para ese tipo de instrumentos. Desde 2020 el marco legal es la Ley de Infraestructura de la Calidad, que sustituyó a la Ley Federal sobre Metrología y Normalización.
La ISO 9001 pide en 7.1.5 que los recursos de seguimiento y medición sean adecuados al tipo de medición y se mantengan, y que, cuando la trazabilidad es un requisito, se calibren o verifiquen a intervalos especificados contra patrones trazables. El holograma de PROFECO demuestra cumplimiento legal, pero no dice cuál es el error de la báscula en el punto donde se pesa el producto. Para eso hace falta la calibración y la comparación de su resultado contra la tolerancia del proceso, lo que en metrología se llama confirmación metrológica.
Con varias básculas en recibo, producción, laboratorio y embarque, las fechas de verificación, calibración y comprobación intermedia se cruzan y alguna se vence sin que nadie lo note. Un Software de mantenimiento y calibración de equipos lleva el inventario de instrumentos con su clase, su división y su ubicación, programa cada verificación y calibración, guarda certificados y evidencias, y avisa antes de que un equipo quede fuera de vigencia.
La NOM-010-SCFI fija los requisitos técnicos y metrológicos de las básculas y balanzas de funcionamiento no automático, las clasifica por exactitud y define sus errores máximos tolerados. Cuando una báscula se usa para comerciar, la verificación oficial es obligatoria: inicial, periódica y extraordinaria. Esa verificación no sustituye la calibración que pide la ISO 9001; son dos controles distintos que una planta normalmente necesita al mismo tiempo.
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